lunes, 25 de abril de 2011

Pasajeros narran el terror que vivieron al ser rafagueados por sicarios en Tamaulipas


El reloj en el brazo derecho de don Sergio marcaba las 03:15. No lograba conciliar el sueño al 100 por ciento. En la misma situación estaba su esposa Mary. Los dos regresaban en autobús la madrugada del viernes de Pánuco, Veracruz, después de una semana de vacacionar; era la primera vez que salían de Monterrey... y estuvieron muy cerca de que fuera la única.

Tres autobuses de pasajeros que se dirigían a Monterrey desde Ciudad Victoria fueron objeto de un atentado en el que, aparentemente sin motivo alguno, sicarios los rafaguearon la madrugada de este viernes sobre la carretera, resultando tres personas heridas.

Los esposos viajaban en uno de esos tres autobuses, donde una mujer recibió un impacto de bala.

“Veníamos por la carretera y eran como las 3:20 o 3:30 de la mañana cuando oímos que algo golpeaba los vidrios, pensamos que eran piedras, que estaban aventándonos piedras, pero nos dimos cuenta que no, que no eran piedras, que eran balazos, empezaron a caer vidrios y una pasajera empezó a gritar”, recuerda doña Mary.

Se trataba de la señora Imelda Corona Benítez, quien la noche de ayer fue trasladada a Monterrey para ser atendida, tras permanecer en el hospital civil de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

En ese momento todo fue confusión, la señora Mary buscó como pudo apoyar a la pasajera herida, colocó un suéter sobre la herida y trató de tranquilizarla.

“Yo recuerdo que ella me decía; ‘¿Me sale mucha sangre, verdad?’, y yo le contestaba que no, que ya se le había detenido… la verdad es que sí estaba perdiendo mucha sangre”.

El autobús avanzaba poco, tenía las llantas ponchadas producto de la refriega, como pudo el conductor del mismo avanzó durante 20 minutos hasta que cedió a los gritos de la herida y de doña Mary, quienes le pedían que se detuviera para pedir ayuda, pero de pronto la voz de un hombre hizo que él se reanudara con una sentencia que nadie pudo contrariar.

“El autobús tenía las llantas ponchadas y le dice uno de ellos: ‘¡Dale, porque si te paras, nos alcanzan y nos van a bajar a todos, y aquí nadie va a vivir, porque nos van a agarrar, nos van a balacear y nos van a matar a todos’”, recordó Sergio.

Tras 40 minutos de trayecto, el autobús llegó a una central, ubicada a unos minutos de Linares. Ahí estaban otros tres autobuses balaceados, en ese momento, como recuerdan, llegó un cuarto y los subieron a todos, menos a doña Imelda.

El trayecto posterior fue tenso, confuso y con miedo. Cuando abordaron el segundo autobús en lo único que pensaron fue en tirarse al suelo y así lo hicieron durante las dos horas de camino que faltaban.

“Lo único en que pensamos fue en tirarnos al suelo y rezar, y rezamos los dos abrazados”, dijo Mary. La gente que ya venía a bordo de este cuarto transporte los veía con extrañeza, sin embargo ninguno de ellos se animó a preguntar por qué seis personas estaban pecho tierra en la parte posterior del mismo. Sólo hubo silencio.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...