martes, 15 de marzo de 2011

Las reinas del norte


La vida de Gabriela Elizabeth Muñiz Tamez, La Pelirroja, terminó a sus 31 años con su cuerpo colgado de un puente peatonal de la avenida Gonzalitos, en la ciudad de Monterrey. La ejecutó un comando armado de la delincuencia organizada.

La Procuraduría General de Justicia en el Estado de Nuevo León (PGJE) la señalaba como cabeza de una banda de secuestradores que operaba en la llamada Zona Citrícola, al sur de la capital del estado. Se conoció que era una secuestradora peligrosa hasta que fue detenida en agosto de 2009 por la Policía Ministerial, junto con otra mujer activa en la banda, Flor Francisca Ramírez Zamarripa; pero su caso se hizo famoso cuando un grupo rival la sacó del penal del Topo Chico, pero no para liberarla sino para ejecutarla.

En García, municipio conurbado de Monterrey, Olga Lidia Ruiz Rodríguez, una ex policía dada de baja por no aprobar los exámenes de confianza, participó en un ataque contra el alcalde Jaime Rodríguez Calderón. También integraba el comando María Yadira Félix Cebreros, de 26 años, originaria de Culiacán, Sinaloa, a quien detuvieron tras fallar la emboscada junto con otro pistolero. Sus otros tres compañeros fallecieron por los disparos de los escoltas del munícipe; el tiroteo inició la madrugada del 25 de febrero, cuando los sicarios dispararon contra un uniformado municipal.

Cerca del mediodía, horas después de que el presidente municipal revelara que los perpetradores eran ex policías, éstos le armaron una emboscada. Rodríguez Calderón sobrevivió para identificar al líder del comando como Francisco Javier Díaz Salinas, El Chipiturco, otro elemento dado de baja por pérdida de confianza, y de allí se capturó a la banda.

Estos y más casos recientes refrendan que las mujeres están tomando parte activa en los grupos de la delincuencia, tesis que sostiene la presidenta ejecutiva del Instituto Estatal de la Mujer en Nuevo León (IEM), María Elena Chapa Hernández: “Hay mujeres que son encontradas en narcofosas, hubo una que estuvo colgada en Gonzalitos, cosas que no habíamos visto; es un fenómeno nuevo: ya participan mujeres en esas actividades ilícitas”.

Este nuevo papel de las mujeres como criminales activas elevó las muertes de mujeres en Nuevo León; el IEM las califica como feminicidios asociados a la violencia social, una categoría creada para el conteo de 2010: “No se había observado; hasta el año 2009 teníamos 36 mujeres muertas, pero el 2010 duplicó el número a 72; este año hay 12 sólo en enero y vamos a cerrar febrero con un incremento de violencia social en las mujeres, muchas de ellas vinculadas a acciones delictivas o al narcotráfico. Esto era un fenómeno no observado en nuestras cifras y estadísticas, y que sin embargo ya aparece”, explica.

Febrero cerró con 16 muertas relacionadas con la delincuencia organizada. A una de ellas la descuartizaron y arrojaron junto con otros cinco hombres en una plaza de Montemorelos, un municipio de la región citrícola.

LAS REINAS DEL NORTE

En el ámbito nacional destacan los nombres de Sandra Beltrán Ávila, La Reina del Pacífico, como una de las mujeres ligadas a los cárteles del narcotráfico en puestos de alto rango. La Procuraduría General de la República (PGR) ha identificado también a Cantalicia Garza Azuara, La Canti o La Reina del Golfo, aprehendida el 17 de abril de 2007 y sujeta a proceso en un penal de Tamaulipas; es hermana de Josué Garza Azuara, El Barbas. Cantalicia es señalada como operadora de una célula del cártel del Golfo dedicada al lavado de dinero y al tráfico de drogas, armas y personas.

Más recientemente se habla de una reina de La Familia, ligada al tráfico de metanfetaminas a Estados Unidos, a quien la PGR ha identificado como Annel Violeta Noriega Ríos, La Chula, quien, con poco más de 30 años, operaría la red de distribución de ese grupo delictivo. La autoridad federal ofrece cinco millones de pesos de recompensa por datos que lleven a su captura.

En Nuevo León, varios casos similares empiezan a aparecer y a ser reconocidos por parte del IEM, los que, pese a no ser tan espectaculares, marcan tendencias claras: las cifras de 2010 de las Estadísticas Judiciales en Materia Penal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) detallan 37 mil 417 personas bajo proceso en el fuero federal, al que compete la persecución de los delitos que se relacionan con el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Entre los procesados hay poco más de tres mil mujeres y 34 mil 415 hombres. Sólo en Nuevo León, hay en total mil 227 personas bajo proceso en el fuero federal, de las que mil 138 son hombres y 89 mujeres. A este delito “se le llama violencia familiar de carácter social; nosotros estamos pensando que su actividad está vinculada a algún familiar involucrado, porque así se empezaron a dar los primeros casos, pero probablemente haya otros casos de mujeres que, como se ha visto, por sí mismas encabecen bandas, grupos o células”, precisa Chapa Hernández, y continúa: “Muchas mujeres lo hacen por necesidad, se prestan para ser burritos y para vender drogas porque es dinero rápido y fácil; lo que sucede es que no habíamos visto a las mujeres en activo, lo que asombró con los datos de 2010. Ya no podíamos decir que es una actividad exclusivamente de los hombres”, explica.

“LA GUERRA ES MASCULINA”

Lídice Ramos Ruiz, directora del Centro Universitario de Estudios de Género (CUEG) de la Universidad Autónoma de Nuevo León, discrepa con esa tesis e insiste que las féminas siguen siendo las víctimas: “En las guerras la lógica es masculina; si existen, las reglas de honor —por así decirlo— están puestas por hombres, y una es usar el cuerpo de las mujeres para que el escarmiento se vea más encarnizado”, explica la académica. “Las mujeres pobres que están en la cárcel por drogas ha sido por presión de varones, no porque ellas crean que hay dinero; hasta lo que yo sé, ahora son las mujeres de clase media o alta quienes están metidas en esto; entonces, vamos a preguntarnos qué tanto es por dinero”, detalló.

Ramos Ruiz considera que La Pelirroja o las ex policías que participaron en el ataque contra el alcalde de García fueron presionadas por la dominación masculina: “Las mujeres estamos llegando a profesiones que antes eran sólo de hombres, pero la forma es exactamente la masculina, que no necesariamente es la correcta”, precisa.

Pero la realidad se muestra con crudeza, tanto para las instancias de género oficiales como para las académicas: mientras el IEM crea una nueva categoría para incluir como feminicidios a las ejecuciones que la delincuencia organizada comete contra mujeres, en el CUEG se enfocan en las consecuencias sociales: “Yo lo que estoy trabajando en la universidad es en el análisis sobre toda esta violencia, a la que nosotros llamamos ‘simbólica’, que nos hace querer parecernos o querer igualarnos. Somos iguales como seres humanos, pero somos diferentes en nuestras funciones para construir a la sociedad”, dice la especialista.

En el extremo contrario, y sin calificación posible por parte de las teorías antes expuestas, está Marisela Morales Ibáñez, titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), a quien el gobierno de Estados Unidos reconoció en el marco del Día Internacional de la Mujer el ocho de marzo de 2011; así como hay mujeres que mandan en el narco, una mujer se encarga de perseguirlas, y perseguirlos, por la vía legal.  (Milenio)

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