jueves, 17 de febrero de 2011

"Una locura" ir a Mexico desarmado: Agente de la DEA


Cuando Mike Levine trabajó como agente de la DEA en México —en la década de los 80— no dejó que nadie lo separara de su pistola. Ni siquiera la amenaza de ser deportado por el gobierno mexicano en caso de que lo descubrieran: no quería sufrir la misma suerte que Enrique Kiki Camarena, compañero suyo en la agencia antinarcóticos estadunidense, secuestrado, torturado y asesinado por narcotraficantes en 1985.

“Es realmente una locura no estar armado en México. Por eso muchos llevábamos nuestras armas aun si el gobierno mexicano no lo permitía”, el ex agente de la Administración Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). Tras el ataque que terminó con el asesinato de un agente de ICE en una carretera de San Luis Potosí, el viejo debate en torno a si debe permitirse a agentes estadunidenses portar sus armas en territorio mexicano corre el riesgo de regresar como un tema contencioso en las relaciones bilaterales entre Washington y México, advirtieron analistas de seguridad y ex agentes estadunidenses.

“La muerte del agente (de ICE) probablemente reinicie el debate. Personalmente pienso que valdría la pena que se reiniciara”, dijo Levine, quien trabajó encubierto en México en investigaciones sobre varios cárteles de la droga. “Debemos tener una forma de defendernos”. Por su parte, Silvia Longmire, analista de seguridad especializada en narcotráfico basada en Chicago, consideró que revivir la discusión que marcó a ambos países hace unos años “tensaría en extremo las relaciones entre México y Estados Unidos en un momento particularmente delicado”.

La última vez que políticos de Estados Unidos propusieron abiertamente al gobierno mexicano permitir a sus agentes llevar armas de fuego en territorio nacional fue en 1998, mediante una ley que jamás fue aprobada en el Congreso estadunidense. La iniciativa condicionaba la ayuda militar y económica de Washington a que México ofreciera permisos de portación de armas a funcionarios estadunidenses. Detenido por los demócratas, el tema revivió después, en 1999, luego de que dos agentes de la DEA fueran amagados por Osiel Cárdenas Guillén en Tamaulipas. Desde entonces, la idea ha permanecido en hibernación, alejada de la mesa de discusiones sobre seguridad entre los dos países.

Pero testimonios públicos de varios ex agentes estadunidenses, ofrecidos en los últimos años, revelan que en algunos casos la prohibición de ir armados en México sólo existe en el papel y que oficiales adscritos a la embajada y consulados de Estados Unidos han preferido tomar sus propias precauciones a confiar en su buena suerte. William Sears, un ex agente de la DEA basado en Sonora, reveló a The New York Times en 1997 que siempre llevó su arma mientras estuvo en México. En 2010, Joe Dubois, uno de los agentes amenazado por Cárdenas Guillén, reveló que también estaba armado el día del enfrentamiento en Matamoros.

“Si algo nos pasaba, nos hubiéramos llevado al menos a Osiel”, declaró el año pasado al Houston Chronicle.
Levine, convertido después de su retiro en conductor de un programa radiofónico en Nueva York, afirmó en entrevista telefónica que para un agente estadunidense “es un suicidio trabajar en México sin tener armas para protegerse”. Dijo que nunca tomó en cuenta la prohibición de México. “Llevaba mi arma sabiendo que si era arrestado, teóricamente podría reclamar inmunidad diplomática. Pero muchos agentes no tienen esa inmunidad ¡Y aun así esperan que arriesguen sus vidas en México!”

Aunque admitió que es difícil predecir si la administración de Barack Obama reflotará una idea que entre la sociedad y clase política mexicanas sería profundamente impopular, Levine expuso que en la comunidad de agentes y ex agentes de Estados Unidos es un tema recurrente lo difícil que es operar en México siguiendo las reglas dictadas por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Por ello muchas terminan siendo ignoradas. “Es lo que decimos. No tiene sentido ir a México, a plena guerra, sin armas, aunque sea contra la ley. Los muchachos van a trabajar en México armados. Punto final. Si lo quieren hacer legal, que lo hagan. Si no, no va a cambiar nada”, dijo.

Silvia Longmire, cuya consultoría se ha especializado en temas de narcotráfico, consideró que relanzar la idea de los permisos de portación de armas en un momento como el actual abriría la vía a un conflicto diplomático. Sin embargo, reconoció que probablemente surgirán voces en Washington que nuevamente llamarán a que los agentes estadunidenses puedan portar sus armas en México.

“Creo que el tema surgirá y será abordado. Pero afectaría las relaciones simplemente porque de por sí ya es difícil para los mexicanos aceptar que haya agentes federales estadunidenses trabajando en su país. Lo último que Washington querría es más tensión diplomática entre las dos naciones”, concluyó. (Milenio)

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