domingo, 16 de enero de 2011

A una decada de la fuga de "El Chapo" Guzman


La corrupción en el penal de “máxima seguridad” de Puente Grande (Cefereso 2), Jalisco, donde hace diez años se fugó Joaquín El Chapo Guzmán Loera, uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, comenzó, al menos, desde 1999; es decir, a finales del sexenio zedillista.

Documentos de la Procuraduría General de la República (PGR), que detallan la evasión de uno de los líderes del cártel de Sinaloa, refieren que la estructura, infraestructura y sistemas oficiales establecidos y creados ex profeso para garantizar la seguridad de ese reclusorio federal fueron corrompidos por El Chapo para lograr su evasión.

El narcotraficante sinaloense controló con dinero, amenazas e intimidación el centro penitenciario para gozar durante ocho años una vida sin castigo. Al final de su estancia en Puente Grande, el capo se fugó —el 19 de enero de 2001— de la manera más sencilla: oculto en un carrito de lavandería, acondicionado con un colchón y cubierto con cobijas.

De acuerdo con la averiguación previa PGR/UEDO/001/2001, Joaquín Guzmán Loera huyó del penal de máxima seguridad alrededor de las 22 horas. “En sus investigaciones la dependencia federal precisó que la destrucción de pruebas y evidencias al interior del centro también dificultaron las pesquisas, ya que los documentos y registros oficiales del Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) no corresponden con los eventos ocurridos”.

El líder del cártel de Sinaloa fue detenido en 1993 en la frontera entre México y Guatemala. Fue trasladado al penal de La Palma, lo que hoy se conoce como El Altiplano; tres años después, el 22 de noviembre de 1995 fue trasladado al de máxima seguridad de Puente Grande, donde “gozaba de todos los privilegios, al haber convertido a los empleados del Estado en sus empleados”, indica la información de la PGR.

También se precisa que Guzmán Loera, Jesús Héctor Palma Salazar El Güero Palma y Arturo Martínez Herrera El Texas crearon una red de complicidades donde incluyeron al entonces director de Puente Grande, Leonardo Beltrán, quien “les permitía una vida de lujos a los narcotraficantes” que les posibilitó mantener sus operaciones para el envió de droga a toda América y Europa.

El poder de El Chapo dentro de ese penal fue ilimitado, nada se le negaba y cuando alguien se resistía, lo intimidaba o lo mataba; incluso, existen siete averiguaciones previas por violación sexual contra mujeres, cometidas dentro de ese lugar.

El alfil del capo en la cárcel

El hecho de que varios guardias fueran amenazados ocasionó que las investigaciones sobre la fuga se detuvieran, pues los indicios de los hechos “habían desaparecido”.

Sin embargo, las autoridades federales han ubicado a Francisco Javier Camberos Rivera El Chito, quien fue empleado de mantenimiento en Puente Grande, como uno de los colaboradores más cercanos a El Chapo.

Para la PGR, El Chito es “pieza fundamental para lograr su escape, (pues) accedía como nadie a cualquier parte del centro y a cualquier hora. Todos los empleados admitían esa circunstancia, porque sabían de su gran cercanía con Guzmán”.

La Procuraduría General de la República, en sus documentos sobre la fuga del líder del cártel de Sinaloa, precisa que desde 1999 y el año 2000, pero de manera significativa seis meses antes de su escape, “Guzmán Loera, Jesús Héctor Palma Salazar El Güero Palma y Arturo Martínez Herrera El Texas se adueñaron del Centro Federal de Readaptación Social de Puente Grande Jalisco, utilizando una estrategia de captación de todo el personal del Cefereso, basada, primordialmente, en el soborno y la intimidación”.

En los documentos de la PGR se reporta que el grupo de intimidación que trabajaba dentro del penal para Guzmán Loera “era conocido como Los Bateadores, cuya misión era, precisamente, golpear con bates a algunos elementos de seguridad y custodia del Cefereso que no se sujetaron a las decisiones de los tres narcotraficantes que dominaban el penal: El Chapo, El Güero Palma y El Texas.

“De esta manera, se generó toda una red de complicidad institucional que incluyó a todos los niveles del servicio público del Cefereso, pagándole a los empleados entre los 40 y 300 mil pesos mensuales, lo que les permitía a los capos gozar de privilegios al interior del centro de reclusión, tales como recibir visitas de mujeres en días y horarios que contravenían las disposiciones reglamentarias.”

La dependencia documentó que “la corrupción del penal permitía el relajamiento de la disciplina, por lo que algunas mujeres permanecían con El Chapo por varias semanas y la corrupción llegó a tal grado que varias mujeres trabajadoras del Área de Cocina se prostituyeron, manteniendo por dinero relaciones sexuales con los internos del Módulo 3, absolutamente controlado por El Chapo Guzmán.

Entre viagra y comidas especiales

Incluso, parte de los privilegios incluía la comida, ya que “se le preparaban platillos especiales al narcotraficante, por lo que se le enviaba un menú para que escogiera los alimentos del día a su antojo”.

Los documentos de la dependencia registraron que al sinaloense se le dotaba de bebidas alcohólicas, medicamentos como el viagra, además de que el Módulo 3, donde se encontraban los tres narcotraficantes que controlaban el penal, contaba con aparatos eléctricos y teléfonos celulares con los cuales mantenían contacto con el exterior.

Esas facilidades apoyaron la operatividad del líder del cártel de Sinaloa y continuar con sus actividades y negociaciones de la droga, coordinadas con narcotraficantes que los visitaban en el Cereso. Con base en las indagatorias de la PGR, se establece que el personal del centro de reclusión recibía órdenes para elaborar el rol de vigilancia, con el fin de que el personal de su confianza pudiera servirlo, antes que cumplir con el reglamento.

El sinaloense utilizó oro para poder fugarse

La Procuraduría General de la República (PGR) —en sus investigaciones sobre la fuga de uno de los líderes del cártel de Sinaloa del penal de Puente Grande, Jalisco,— registra que hace más de diez años el control de ese centro federal estaba sólo en manos de Joaquín Guzmán Loera, ya que El Güero Palma y El Texas ejercían cierto control, pero siempre por acuerdo del primero.

“Previo a su escape, se acató la orden de El Chapo de que toda su gente debería estar en puntos estratégicos el 19 de enero (de 2001) por la noche, permitiendo el ingreso y egreso sin control de personas y objetos”, dice el reporte de la dependencia federal.

Sobre la preparación de su fuga, la PGR establece que el 13 de enero, seis días antes de su escape, el capo citó en su celda a dos empleados del Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso): Miguel Ángel Leal Amador y Jaime Sánchez Flores, custodios encargados de la seguridad interna del reclusorio, a quienes les dijo que deseaba ayudar al “maestro del taller del reclusorio, para sacar un kilo de oro, preveniente de los residuos de trabajos que se realizaban en el taller por parte de los internos.

“Ese kilo de oro, dijo que sería para beneficiar a personal de su confianza, ya que El Chapo le pagaría el maestro el equivalente a ese metal”, documentaron los reportes de la PGR.

Además, según la investigación, El Chapo había avisado que el oro también serviría para beneficiar a Javier Camberos Rivera El Chito, quien se desempeñaba como personal de mantenimiento dentro del Cefereso, y quien era uno de los empleados de mayor confianza de Guzmán Loera. El Chito, señalan las declaraciones de custodios, sería quien llevara el oro hasta el exterior de Cefereso.

Ayuda desde el interior

Para el martes 16 de enero de 2001, tres días antes de la fuga del sinaloense, el interno Jaime Leonardo Valencia Fontes, uno de los operadores cercanos al capo, ordenó al responsable de elaborar el rol de vigilancia, que “para el viernes 19 ubique a cada uno de los oficiales que estarían de guardia y en posiciones estratégicas”. En esa lista figuraban los oficiales que estuvieron presentes en la ruta que se tiene identificada como la de la fuga del narcotraficante.

La PGR tiene conocimiento de que el 19 de enero de 2001, el día de la fuga, El Chapo Guzmán pagó la nómina de todo el personal a su servicio, incluidos los servidores públicos del penal de Puente Grande, con la idea de generar una buena disposición en su entorno, por lo que durante el transcurso del día llamó al personal de seguridad interna y externa del Cefereso, tanto a mandos como a custodios.

Una de las pruebas contra el entonces director del penal de Puente Grande, Leonardo Beltrán Santana, sobre su participación en la fuga de El Chapo, es la visita de personal de la Secretaría de Seguridad Pública federal, donde se le ordena al funcionario “la reubicación a un área de mayor seguridad” de los tres capos del Módulo 3; Beltrán Santana no cumple.

El carrito de Troya

De acuerdo con la Procuraduría General de la República, Francisco Javier Camberos Rivera El Chito se dirigió al Módulo 3 en el nivel “C” donde permanecía recluido Joaquín Guzmán Loera, para llevarse un carrito donde ya se había escondido el narcotraficante. Aunque El Chito sabía que en el carrito de la lavandería iba su “jefe”, para los demás custodios contenía un kilo de oro que iba a servir para recompensar la “lealtad” de quienes trabajan en el Cefereso para el narcotraficante.

La averiguación previa expone que El Chito es visto conduciendo un carrito de lavandería desde el Módulo 3 hasta le región de seguridad denominada V1, una “garita vehicular donde se encuentra el área de la Aduana de vehículos y por donde se tenía acceso a todos los insumos para el mantenimiento del penal, así como por donde se ingresaban los “artículos de lujo”, para los jefes recluidos.

“Los videos que el centro de control se supone toma con las cámaras instaladas en ese sitio no registran un periodo de grabación en el horario crítico.

“El Chito conduce el carrito de lavandería en el que va oculto El Chapo Guzmán, recorriendo el pasillo, llegando hasta el diamante de seguridad V6 y, posteriormente, se dirige al diamante de seguridad V4, a cargo de Alejandro Ledezma Pacheco”, precisó la PGR.

La dependencia federal reporta que “en la zona V4, El Chito es auxiliado por Víctor Manuel Godoy Rodríguez, elemento de vigilancia, en la conducción del carrito de lavandería. La Puerta que conecta del V6 a los diamantes V4 se encuentran obstruidos en su cierre con un bote de basura. El Chito continúa su trayecto acompañado de Godoy hasta el diamante de seguridad V3 y V1”.

En toda la ruta que El Chito recorrió, las puertas ya estaban obstruidas con botes de basura para evitar su cierre, los encargados de aperturar las puertas de seguridad de los segmentos conocidos como diamantes ya no eran supervisados por los encargados de los accesos, al presuntamente suponer que se llevaba el kilo de oro en el carrito.

Una vez que llegó al área de aduanas de vehículos, ubicada a un lado del acceso de personas, se dirige al estacionamiento general, donde regularmente carga su auto con los objetos o basura que es sacada de la estancia de El Chapo Guzmán. Ahí, el capo se oculta en el vehículo comprado por El Chito, especialmente para facilitar la huida, y donde pasa el retén principal de acceso al centro sin problemas.

“A las 18:30 horas del 19 de enero de 2001, Gerardo Díaz Navarro, comandante de Seguridad externa del Cefereso, acude a la oficina del comandante de seguridad interior, para comentar que a las 19 horas El Chito iba a ingresar al penal para sacar un horno de microondas y un extractor de jugos, por lo que le pide a Diaz Navarro que informe al comandante José Manuel Santiago de Santiago que, cuando salga El Chito no se registre nada”.

La PGR registró que ese hombre del sinaloense ingresó ese día a Puente Grande en un auto compacto café, cerca de las 19 horas. También se indica que entre las 22 y 23:30 horas, Jesús Vizcaíno Medina, subdirector adjunto de Seguridad Interna, junto con Juan Pérez Díaz y Miguel Ángel Leal Amador, custodios, acuden a la estancia de Guzmán Loera, supuestamente, para proceder con el cambio de área, momento en el que se percataron de la ausencia de El Chapo.

Cómplices del capo están libres

Las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) sobre la evasión de El Chapo Guzmán de Puente Grande hace una década integraron cerca de 60 tomos que contienen 250 declaraciones ministeriales. El caso también está integrado por 50 inspecciones ministeriales, cateos, aseguramientos de inmuebles, vehículos, alhajas, armas y cartuchos, entre otras acciones.

Relacionadas con la fuga del sinaloense fueron consignadas 74 personas, entre ellas, 49 custodios, así como los encargados de seguridad interior y exterior del penal, y otros funcionarios del reclusorio, incluido el director de Puente Grande, Leonardo Beltrán Santana.

En EU , compañero de celda

A raíz de su fuga, Joaquín Guzmán Loera, Héctor Jesús Palma Salazar El Güero Palmay Arturo Martínez Herrera El Texas enfrentan acusaciones por los delitos de violación a la Ley Federal contra la delincuencia organizada y cohecho. En tanto, los custodios y personal de ese penal que fueron acusados por la evasión de El Chapo fueron acusados por violación a la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada, evasión de presos y cohecho.

De las 74 personas, en su mayoría custodios y personal adscrito al reclusorio de máxima seguridad, solo se pudo procesar a 68, las cuales recibieron una sentencia con penas que iban desde los seis hasta los 25 años de prisión.

En el caso del narcotraficante El güero Palma fue extraditado a Estados Unidos.

Leonardo Beltrán Santana, ex director del penal de Puente Grande, fue sentenciado a 11 años y cuatro meses de prisión en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México. Recibió libertad anticipada y quedó en libertad el pasado 24 de junio de 2010. Francisco Javier Camberos Rivera El Chito fue sentenciado a 25 años de prisión y al pago de una multa de 27 mil 236 pesos; aún permanece en prisión.

Luis Francisco Fernández Ruiz, ex subdirector de seguridad interna de Puente Grande, fue sentenciado a ocho años de prisión, por lo que se encuentra en libertad.

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