miércoles, 14 de abril de 2010

"LOS ZETAS" NO LE MIDIERON: YA PRENDIERON LA MECHA EN NAYARIT



Nayarit arde. La semana pasada el grupo armado de los Zetas prácticamente le tentó los bigotes al diablo. Como se dice en el mundo del narco, no le midieron al ejecutar el ex dirigente feuísta vallartese Fernando Gurrola Coronado y levantar a otros dos jóvenes, uno de ellos presuntamente hijo del Ignacio Coronel Villarreal, quienes no han aparecido.

Estos hechos han provocado que comience a andar una locomotora que será muy difícil detener. Y es que hasta en este inframundo de la violencia hay reglas no escritas pero que se deben acatar.

Una de ellas es que no se debe de atentar contra familiares que no están metidos en el asunto, en este caso peor, ya que se trataba de un menor, y este precepto –sagrado, por cierto– los ex militares lo acaban de romper.

Todo comenzó el lunes pasado cuando un convoy de varios vehículos arribaron a unos condominios de lujo en Nuevo Vallarta, Green Bays, situado en el complejo turístico El Tigre. Una vez en el interior se dirigieron a la casa 214. Entraron violentamente e inmediatamente esposaron a Gurrola Coronado, y en ese mismo sitio lo ejecutaron disparándole en repetidas ocasiones con AR-15SP1 y AK-47, mejor conocidos como cuernos de chivo.

Enseguida, los sicarios sacaron por la fuerza a dos jóvenes, dejaron vivas a dos mujeres y salieron con rumbo desconocido.

Este suceso desencadenó una acción inmediata y feroz. El martes, aproximadamente a las 21:30 horas, varios vehículos arribaron al poblado de San José de Costilla, municipio de Xalisco. Una vez ahí, los sicarios ubicaron, en principio a José Luis Estrada, apodado el Pepino que había sido policía estatal y había trabajado con el director de la corporación en el sexenio de Antonio Echevarría, Raúl Barboza. A la muerte del Chilango este individuo se convirtió en el narcomenudista más poderoso de la zona y estaba relacionado con los Zetas.

El ajuste de cuentas no se hizo esperar. Posteriormente el comando localizó al papá del Pepino, Cristian Severo Vázquez, don Tello; a su lugarteniente, Juan Manuel Castañeda Correa, el Cuco y cuando menos otros diez miembros de su minicártel. Una vez reunidos, los sicarios los ejecutaron a todos.

Posteriormente, tanto elementos de la Procuraduría de Justicia estatal, de la Preventiva, de la Federal y el Ejército montaron un operativo.

Al llegar a lugar de los hechos, la escena que observaron los agentes investigadores era verdaderamente desastrosa, terrible. Cerca de un lugar conocido como el Pantanal, localizaron un vehículo Nissan, Titán, con placas JN-11-001 calcinado y en la parte trasera estaban apilados ocho cadáveres completamente calcinados. A escasos metros de este lugar en otro automotor, una Cheyenne, color gris, sin placas de circulación, estaban otros tres cuerpos más.

La búsqueda prosiguió y los agentes policiacos localizaron en un predio cercano a San José de Costilla, otro vehículo calcinado, marca Seat, tipo Ibiza, con placas de circulación REX-12-53 y en el interior de la finca estaban otros tres más, en iguales condiciones.

Minutos después a medio kilómetro de este sitio, se localizó otro cadáver dentro de una camioneta Dodge Ram, de doble cabina color gris, con placas de circulación PA-82-933, la cual también presentaba impactos de bala. Finalmente los agentes ubicaron otros dos automotores más, unos con placas de Jalisco y el otro con matrícula sinaloense.

De esta forma inició la semana en Nayarit. Después vino la balacera del lunes en Tepic, cuando elementos de varias corporaciones realizaban un operativo en la colonia San Juan. En ese lugar, de la finca marcada con el número 129 sobre la calle Paraíso, entre Amapa y Acacia, comenzaron a salir disparos, Los agentes repelieron la agresión y lograron controlar la situación. En la casa se aseguraron vehículos de lujo y armas.

En el hecho perdió la vida el federal Juan Alberto Andrés Ruiz, así como Santiago Lizárraga Ibarra, el Chaguín, representante de los Beltrán Leyva en la zona, y su sobrino Paul Enciso Lizárraga. La esposa del narco, Gladis Lizarraga Ramírez logró salir con vida y junto con otros tres menores, y seis individuos miembros del grupo delincuencial, fueron trasladados a la ciudad de México a las instalaciones de la Procuraduría General de la República.
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